Disculpame, no quiero llorar.
Es que me cuesta asumir que te quiero, y tener que decirtelo.
En realidad no es eso lo que me duele, lo que me duele es saber que cuando yo termine de hablar vos me vas a dar una respuesta que no quiero escuchar, me vas a decir algo que sé pero no quiero saber, y yo voy a tener que mirarte a los ojos y sonreír estupidamente para hacerte creer que está todo bien, y que tu respuesta me hizo bien y que estoy contenta de haberte escuchado pronunciar esas palabras.
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