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No todos los días vemos un cielo vainilla, como el que recibí hoy, y no todos los días vemos una puesta de sol mandarina, como la que me regalaron tiempo atrás.Son cosas poco usuales, como suelen ser las que me suceden en la vida. Son cosas que no cualquiera es capaz de entender, porque pocas personas son capaces de ver el cielo y pensar en lo vainilla de su color, o ver una puesta de sol y pensar en que realmente ésta tiene tonalidades similares a una mandarina. Son cosas de canciones que traspasan las fronteras, como cuando ves reflejada tu vida en una melodía, o como cuando sientes que una historia ficticia es tan parecida o tan igual a algún episodio de tu vida.Es que las cosas nunca suceden por casualidad. Uno no conoce a las personas por casualidad, no se encanta, no se enamora, no se ríe ni llora por casualidad. No ves un cielo vainilla o una puesta de sol mandarina por casualidad, ni recuerdas a alguna persona debido a aquel acontecimiento simplemente por coincidencia.Son cosas que suceden por alguna razón. Por alguna razón alguien te hace reír, o te emociona con un regalo tan enorme como lo son las palabras. Por alguna razón extrañas el pasado, aunque no necesariamente eso quiere decir que lo quieras de vuelta. Por alguna razón las personas aparecen en tu vida, y por alguna razón también llega el momento en que tienen que irse.Y cual es la razón?No lo sé, solo sé que a veces ese cielo vainilla y esa puesta de sol mandarina son capaces de dar respuestas a preguntas como esas; solo es necesario dejar de ver, para mirar con profundidad, solo es necesario ver lo vainilla del cielo, o lo mandarina de una puesta de sol para descubrir lo que verdaderamente esconde el corazón.
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